El Premio D’A, de momento, está en manos de dos cineastas internacionales de un talento desproporcionado. Son Céline Sciamma y Alice Rohrwacher. La entrega del galardón a la cineasta toscana tuvo lugar el pasado martes en el Teatre del CCCB. El director del Festival, Carlos R. Ríos fue el encargado de revelar la sorpresa que puso a Alice de rodillas en el suelo, ante el asombro y risas del auditorio lleno a rebosar: Sergi López irrumpió en la sala para reencontrarse con la mujer que le dirigió a Lazzaro feliz. Los abrazos fueron efusivos. Con un italiano “salchichero” (sic), López lanzó todos los elogios posibles a Rohrwacher y le entregó el galardón de honor. «Eres mi ídolo», confesaba una Rohrwacher divertida y emocionada.

El ambiente se calmó con la entrada del crítico Manu Yáñez en el escenario, presencia zen y sonrisa estoica, que alabó la dimensión empática y la negativa a juzgar a los personajes en el cine de la italiana. ¿Qué ha alimentado esa mirada, esa brújula moral? Rohrwacher reconoce que viene de fuera del cine: sus referentes se encuentran en la pintura, la literatura… en definitiva, en el humanismo. “Tengo mucha curiosidad y amor por el ser humano. Pero mis películas sí tienen un juicio político muy fuerte: tiene que ver con los engranajes que nos mantienen presos”. En este sentido, Lazzaro feliz fue una “pequeña” subversión suya para darle la vuelta al “viaje del héroe”. Es la historia de un personaje que no cambia, ya que «la bondad está vinculada con ser, no con hacer; y no cambia: cada vez que muere, renace», como el Lázaro del filme. Alice Rohrwacher defiende, enfrentada a la condescendencia de los productores (“que desprecian al público”), la compasión hacia los personajes, como en los grandes mitos, en vez de la extendida pretensión del cine americano, que quiere que el público se identifique con ellos. Y es que Rohrwacher vuelve una y otra vez a hablar del mito, de la mitología, del hecho mismo de contar fábulas o leyendas: “La noción del spoiler me humilla. Quisiera hacer películas donde ya se supiera toda la historia. Cuando sabemos un cuento, de pequeños, queremos que nos lo vuelvan a contar, igualmente”. Enseguida nos lleva a un imaginario mítico de la artesanía del relato y Yáñez le pregunta por el hecho analógico de sus films: “Yo soy hija del digital. Para mí, la nueva tecnología era lo analógico. En Cuerpo celeste fue la primera vez que trabajaba con un material vivo. Como ocurre con las abejas, no puedes enjaularlo”. Alice rehuye la obsesión por el control del mundo contemporáneo. Precisamente, honra el misterio del mito, o más bien el misterio que el mito preserva. Nos recuerda a todo el público (“quiero hacer películas que hagan recordar cosas”) que el destino, en el mito, implica prescindir de la voluntad. De nuevo, un mensaje neutralizador del puedes hacer todo lo que quieras del ideario estadounidense. “Lo más emocionante que te puede pasar, es ver con los ojos de otro. El mito nos permite ser extranjeros”. Cuando los revisamos, nos damos cuenta de que nos hacen saber, sobre todo, que las civilizaciones se acaban: “Veremos el capitalismo en el museo, ¡no puedo esperar!”. Estas fuerzas socioeconómicas son del magma de su cine, a menudo situado a finales del siglo XX, cuando por primera vez en cinco mil años el campo se ha abandonado, o las todas tumbas etruscas, como vemos en La quimera*, se han saqueado . «Me siento obligada a hablar de estas décadas». Yáñez pone sobre la mesa la fuerte influencia de la política de Berlusconi en la Italia y Europa de este gran declive y Rohrwacher, sin entrar a hacer ningún ad hominem, remacha: “Ha habido un genocidio de la imaginación. Se la ha colonizado y se ha sacado del corazón la capacidad de desear”.

Como decía al empezar el diálogo, la cineasta toscana viene de fuera del cine, con estudios de griego clásico e historia de las religiones. Para ella, el cine es una plaza donde se celebra una fiesta y donde desembocan tantas calles que ama. Cuando Rohrwacher vislumbró su historia —que reconoció enseguida—, cuando nos hizo el favor de empezar a hacer películas, la plaza se volvió más bella, más compasiva y más común: “El cine que amo es el que sale de un autor y se convierte de todo el mundo”.

* La quimera se estrena el 19 de abril, distribuida por Elastica Films.


Autor

Marc Barceló Tost
Marc Barceló Tost

Periodista cinematográfico en el diario del Festival de San Sebastián, es asesor de programación de Un Impulso Colectivo - Curts, además de fotógrafo, cortometrajista y comisario artístico. Se ha formado en Elías Querejeta Zine Eskola y en ESCAC.