2 de mayo de 2017

AYUDAR AL OJO HUMANO: QUE CADA OJO NEGOCIE POR SÍ MISMO

AYUDAR AL OJO HUMANO: QUE CADA OJO NEGOCIE POR SÍ MISMO

Una crisis de/en las imágenes había llevado a César Velasco Broca a dejar el cine allá por el año 2010. Sus cortometrajes, filmados en blanco y negro analógico y con una estética muy definida, estaban cargados de misticismo e influidos por la serie Z y eran la prueba irrefutable de una contundente autoría. Con el abandono de Velasco Broca, yo, que justo en esos momentos empezaba a descubrir su obra, sentía que una de mis lucecitas cinéfilas se apagaba.

“Intenté durante tres años levantar un largometraje, no hubo manera (por aquel entonces era muy joven y muy idealista) y decidí que si no era capaz de llevarlo a cabo, que no valía la pena seguir… y la decepción -que no me vino mal- me permitió adentrarme en otro tipo de estudios, en otro tipo de intereses.”

Cuál es la feliz sorpresa cuando, seis años después de este retiro, Velasco Broca regresa al cine junto a otro de los referentes de lo que ha venido en llamarse “el otro cine español”: Julián Génisson (Canódromo Abandonado). Y más sorpresa todavía cuando los últimos trabajos de ambos, fruto de su colaboración, llegan al D’A bajo la forma de una proyección única titulada Ayudar al ojo humano, compuesta por cuatro piezas: Nuestra amiga la luna (2016), Nuevo Altar (2017), Dioses Autonómicos (2017) y Pinocho (2016). En las tres primeras, Julián Génisson interpreta diferentes versiones del personaje del Padre Julián. La última pieza está dirigida por el propio Génisson en estrecha colaboración con los otros miembros de Canódromo, Lorena Iglesias y Aarón Rux. Las cuatro piezas están atravesadas por la conjunción de la fe, lo fantástico y el absurdo, por mostrar lo que no se ha visto y por reclamar una nueva mirada. En definitiva: por ayudar al ojo humano. La idea, dice Julián Génisson en una entrevista telefónica, es “mantener la idea itinerante cambiando piezas, convertir el proyecto en un largo por partes modulares” y desliza el título del que podría ser uno de esos nuevos módulos en el futuro: La enfermera atracadora.

El hecho de que la entrevista con Julián Génisson y Lorena Iglesias fuera por teléfono y la de Velasco Broca en persona puede parecer anecdótico, pero no deja de revelar un curioso significado: mientras que Velasco se articula más en la imagen, en lo material, en la huella de lo visible, tanto Julián como Lorena tienen una habilidad incomparable en el texto, en la palabra, en el discurso hablado. Tal vez por eso, entre otras muchas cosas, el resultado de su confluencia suponga una mezcla tan explosiva como estimulante.

Evidentemente, tanto la crisis al principio referida como el retiro de Velasco a la India supusieron un punto de inflexión en su trabajo: “he visto un salto entre la obra anterior y ésta precisamente después de este paréntesis en el que ya no me interesa tanto el cine, me interesan otras cosas. Cuando me vuelve a interesar el cine evidentemente ya hablo de lo nuevo y de las nuevas vivencias.” Es estando en la India cuando decide volver a rodar lo que después será Nuestra amiga la luna, un cortometraje en blanco y negro y 16mm que mantiene la estética de sus primeros cortos, pero que temáticamente se desplaza hacia las cuestiones de la religión. La lectura y la proyección también se presentan como motivos recurrentes en la sesión. Cuenta Velasco: “A medida que el personaje del cura lee, se produce un proceso de anamnesis: el propio texto de “El himno de la perla”, sobre el que está basado, habla de un viaje, no es un viaje físico, es un viaje espiritual, por lo tanto me pareció que la mejor manera de representarlo era que él se desdoblara. De hecho, después hay un plano de la cámara de 16mm que genera una nueva imagen de ficción, entonces va atravesando todo lo que hemos visto de la India hasta que termina el último plano que es él, muerto por una cuchillada (física) y es la manera en que él ha atravesado toda la historia.”

En Nuevo altar, la siguiente pieza, Velasco Broca se lanza a la filmación en digital y en color. A propósito de esto último, habla Velasco: “El blanco y negro es una abstracción de la realidad que hace que te puedas centrar mucho más en lo que son las formas y el color, en cambio, tiene un impacto mucho más fuerte dentro de tu psique que una escala de grises. Afecta de manera diferentes. Entonces, tienes que ver cómo la forma realmente se contrae y se expande dependiendo del color, y qué te está transmitiendo ese color, qué te está diciendo, hacia dónde te está llevando… Para mí es mucho más difícil el color que el blanco y negro.” De nuevo, el Padre Julián es el protagonista en Nuevo Altar, pero ahora reconvertido en un cura que, a la manera del San Manuel Bueno, mártir de Unamuno, duda constantemente de su fe. Velasco Broca explora las nuevas posibilidades que ofrece el digital en un cortometraje en el que se intuye el cine de Bresson como lejano eco y que toma como referente, según su director, los telefilmes británicos de los ochenta. El flirteo de Velasco con la imagen digital le lleva hasta a aprovechar como recurso discursivo el glitch (obra de Lucía Moreno).

Sobre las nuevas posibilidades del digital, comenta Velasco: “en Nuevo altar el digital está tratado como un principio de huella, exactamente igual al 16mm, sólo que opera de manera diferente también en tu cerebro y eso te obliga a tener que montar de otra manera. Eso tiene que ver con la naturaleza propia de cada una de las herramientas. No es lo mismo que tú estés utilizando grafito a que estés utilizando óleo. Cada uno tiene un impacto diferente y tú tienes que trabajar en montaje con esa diferencia”. En Dioses Autonómicos, a propósito del uso de los cromas, explica, “tú tienes una capa que se rodó en un espacio-tiempo muy concreto, pero que en el fondo está generado en otro tiempo y en otro espacio. Por lo tanto, el mismo fotograma contiene diferentes espacio-tiempos, muchos de ellos ni siquiera son espacios. Por eso estás trabajando directamente sobre la representación… y lo único que digo es que hay que estar muy concentrado en cómo afecta eso a la percepción.”

La revolución formal que supone Nuevo altar encuentra su complemento en la presencia de Julián Génisson, ya no sólo como actor (igual que en Nuestra amiga la luna), sino también como guionista. Julián aporta una presencia mayor del relato en el cine de Velasco. Y todo lo que se intuye en Nuevo altar, como la presencia narrativa de Julián Génisson y Lorena Iglesias o el uso expresivo que permite el medio digital, termina de cristalizar en Dioses Autonómicos. El relato se vuelve múltiple y variable: Dioses Autonómicos se vendió a A3 Media como una serie en el momento de máximo triunfo de 8 apellidos vascos (2014), pero luego, cuando los responsables de la productora vieron el resultado, decidieron cancelarlo. “Pensamos en hacer una serie con intenciones de comedia que luego se fueron transformando”, cuenta Lorena Iglesias. Y menos mal. Porque Dioses Autonómicos huye de los tópicos de las autonomías y se lanza a un post humor lleno de ideas. “Yo aportaba los gags, pero realmente los tres nos encargamos de toda la producción; ellos se interesaban más por la teología” cuenta Lorena, quien me explicaba su trabajo individual dentro del colectivo Canódromo Abandonado a partir de la webserie Pampini o su proyecto rechazado de youtubers sometidos a retos como asistir a un concierto de fado. “Lo bueno de internet es que tienes más libertad creativa” señala Lorena, “es luego cuando te das cuenta de lo conservadores que son quienes seleccionan los proyectos para la tele. Una fantasía de Canódromo sería hacer un canal de televisión autonómico”. Sobre esta libertad creativa también comentaba Julián Génisson poco antes: “El cine low cost libera en este sentido, pero el dinero condiciona y evidentemente es un problema”.

Para Julián, además, la libertad tiene que ver con la idea de “igual esto que hago es lo último que puedo hacer y después tengo que vender la cámara”. En este contexto llega la última pieza de Ayudar al ojo humano: Pinocho, dirigida exclusivamente por Julián Génisson, y en la que él mismo interpreta a un hombre que, tras haber mentido a su pareja y por imposición de ésta, está obligado a llevar una nariz como la del personaje popular que da nombre al corto. Sobre la mezcla de lo trágico y lo cómico, sobre el tratamiento grave (en blanco y negro) y lo absurdo de la propuesta (la nariz de goma), Génisson comenta: “no nos gusta tomar muy en serio los temas; también tenemos cierta incapacidad para decidirnos; por eso los diferentes finales”. Él, tal y como demuestra la última obra de Velasco, dice tener “fijación con la tecnología digital, que permite jugar con recursos ilimitados y crear cosmogonías”.

Ninguno de ellos duda de un futuro conjunto, aunque mantienen sus proyectos individuales: Julián dice estar trabajando en una idea de largo, en un proyecto de serie, Lorena -esperemos- que no desista de su proyecto de youtubers enfrentados a retos y Velasco Broca, por su parte, contaba: “Me acabo de traer 40 minutos de película virgen, aprovechando que está Ion de Sosa, y antes de irme de Barcelona voy a rodar, voy a empezar a rodar un proyecto que probablemente me lleve cinco años que se llama Las cosas más bonitas del mundo, que es una cosa muy pequeña y muy personal y que a lo mejor no tiene interés para el resto de las personas y para mí sí que lo tiene. Mientras no cobre por lo que hago haré las cosas por mí, como he venido haciendo hasta ahora.”

Hechas para él, pero proyectadas para la fascinación de todo espectador dispuesto: “Lo que intento es que el espectador sea lo más libre dentro de lo posible” dice el realizador, en uno de los momentos del encuentro con el público. Él mismo, afirma: “Opino que lo que tiene que hacer el cine es tratar todo aquello que esté delante de la cámara (sea una persona, un vaso, una mesa, un edificio, el cielo, un destripamiento…), creo que debería igualar todos los elementos. Creo que existe una manera a través del encuadre en la que puedes llegar a neutralizar el impacto. Creo que existe una manera de dignificar todos los elementos de la realidad y creo que el cine tiene la obligación de dignificar todos los elementos de la realidad por igual. Y es una cuestión compositiva.”

A partir de aquí, que cada ojo negocie por sí mismo. Velasco, Julián y todo el equipo ya han hecho su parte por Ayudar al ojo humano.

Daniel Pérez Pamies