4 de mayo de 2017

«DEMONIOS TUS OJOS»: LA VISITA DEL GRAN HERMANO

«DEMONIOS TUS OJOS»: LA VISITA DEL GRAN HERMANO

Tras su paso por los festivales de Rotterdam y Málaga, Demonios tus ojos (2017) de Pedro Aguilera aterriza en el D’A con la ambición de provocar la moral presente en la mirada de cada espectador. El protagonista, un cineasta amante de lo no normativo, lo prohibido, toma la imagen de su hermana como objeto de deseo. Pese a que el incesto mueva el relato, la película puede quedarse corta en cuanto a imágenes polémicas o morbosas. El fuera de campo funciona así como castración del anhelo voyeurista del espectador. Si ves Demonios tus ojos, es posible que algo se revuelva en tu interior. Recordemos las palabras del personaje de Peter Lorre en su interpretación más recordada, la del vampiro de Dusseldorf: “Me siento obligado a caminar a lo largo de las calles y siempre va detrás de mí alguien. Soy yo. A veces me siento a mí mismo detrás de mí y sin embargo no puedo escapar… Quiero huir; debo huir. Los espectros me persiguen siempre, a menos que lo haga. Y después, parado frente a un cartelón, leo lo que he hecho. ¿He hecho yo eso? Pero yo no sé nada de esto. Lo detesto… yo debo abominarlo… debo… ya no puedo más…”. De esta culpabilidad vouyerística charlamos con su director, Pedro Aguilera.

Me gustaría preguntarte por la conciencia autocrítica respecto al voyeurismo desarrollado en la película. En la película es el hombre quien filma y manipula las imágenes. No es casual la utilización de un proyector como símbolo fálico. ¿Es el voyeurismo una problemática fruto de la mirada masculina o afecta igual a hombres y mujeres?

Normalmente no intento ser crítico con ningún tema concreto, ni siquiera plantear críticas sobre mis personajes o temas, se trata más bien de mantener una visión de las cosas, pero esta no tiene por qué ser objetiva, ni total. El voyeurismo actual es una actitud colectiva por supuesto: todos somos ahora voyeurs. Antes era voyeur la persona que se introducía en una intimidad ajena que desconocía, normalmente se hacía a través de libros, obras de teatro o de películas. Ahora todos somos voyeurs al fin, las redes sociales e internet han conseguido eso, que miremos en la vida de los demás sin ser vistos.

¿Es Demonios tus ojos una película de denuncia?

Denunciar es apuntar a algo con el dedo y juzgarlo. Como dije antes, yo no trabajo en ese sentido. No me puedo permitir juzgar a nadie ni a nada, ni siquiera a mis propias películas. Demonios tus ojos no denuncia ni juzga nada, sólo muestra una posibilidad.

En varios momentos del film colocas el proyector del protagonista dirigiendo sus imágenes hacia la óptica de la cámara con la que filmas, y por ende, hacia el espectador que está en la platea del cine. Esto genera una especie de ruptura de la cuarta pared y de la ilusión de representación. ¿Es esta una manera de hacer partícipe al espectador y señalar su mirada tan culpable como la de su protagonista?  

Sí, el espectador siempre debe estar presente de alguna manera. Me encantó ver en las películas de Godard que alguien por fin miraba a cámara, al espectador. Es fundamental que se desvele que todo es ficción, que estamos ante un truco. pues la vida es un truco toda ella, y el cine no es más que su reflejo. No creo en el cine hiper-real, me parece que es como los políticos, que fingen que todo va bien. El cine hiper-real nos toma por tontos como los políticos. Siempre debemos ser honestos y de alguna manera decir que vivimos en el truco.

Nombras a películas como El fotógrafo del pánico (1960) y Arrebato (1979) como referentes de Demonios tus ojos, perteneciendo estos vínculos sobre su discurso alrededor de la imagen. Sin embargo, me has hecho pensar en M, el vampiro de Dusseldorf (1931) de Fritz Lang, y su visión de acometer lo no normativo, lo prohibido. Veo a Oliver como una especie de Peter Lorre, mirándose en el espejo enfrentándose a su propia imagen de culpabilidad, o reducido en muchos momentos únicamente a una sombra. ¿Podrías hablarnos de esto?

Me encanta esa referencia, porque adoro M de Fritz Lang y es cierto que tiene varios puntos en común con Oliver. Lo no normativo, lo prohibido, está siempre en mi cine, y es un gran paralelismo con Demonios. Y, sobre todo, el planteamiento ¿quién es la víctima? M y Oliver son también víctimas, ahí radica la ambigüedad del discurso y, en realidad, de la vida.

Tengo entendido que la producción de la película ha sido un largo proceso. ¿Qué te has encontrado en tus caminos por encontrar financiación? ¿Era una historia demasiado atrevida?

No sé bien por qué me costó encontrar tanto la financiación, porque no sabes bien a veces por qué la gente dice NO a algo, pero supongo que los temas tratados en la película no ayudan, y mi pasado como director de películas complejas tampoco. Espero que, a partir de ahora, ya que Demonios está gustando mucho, piensen que soy una persona más «fiable», porque pienso seguir haciendo películas… (ríe). Espero que ahora sí pueda conseguir dinero.

Citas a una película, Holocausto Caníbal (1980), que no muestra reparo en exhibir imágenes de violencia explícita muy fuerte. En cambio, trabajas el fuera de campo a lo largo de film dejándonos fuera de escena a personajes (periodista o psicólogo) e imágenes que el espectador de una manera u otra puede tener en sus expectativas de la película.

Porque ahí radica la actividad del voyeur en el mundo contemporáneo. Somos seres pasivos consumiendo acción. Vivimos a través de las series, las películas y los vídeos de internet. Eso es todo lo salvaje que una persona puede llegar a ser, esa es su aventura: navegar en la red. Yo, como Oliver, me niego a ello, y entro en acción. Si la película se quedara en un mundo voyeur sería un fracaso. Oliver traspasa esa barrera de la imagen y se mete en acción, en la vida real que es donde hay verdaderas consecuencias. En ese sentido veo un paralelismo con Vértigo (1958). Stewart comienza siendo un mero observador pasivo y, poco a poco, avanza hasta la acción. Entrar en acción cambia la vida del personaje y de la película: si no, sería un cobarde y Oliver no es un cobarde, es un valiente.

Aprovechando la retrospectiva dedicada a Amat Escalante en el marco del festival, a ti, que has sido ayudante de dirección en su primer largometraje y también lo has sido de Carlos Reygadas, ¿cómo te ha influido en tu mirada cinematográfica trabajar con ellos?

Es inevitable impregnarse de las experiencias de la vida y rodar con ellos ha sido una experiencia muy importante. Es difícil saber qué me llevé de ellos, pues somos personas muy diferentes, con ideas diversas sobre el cine y la vida. Quizá lo más probable es que me reforzara en mi idea de que hay que ser «radical» con tus ideas: esto no quiere decir tener ideas radicales, pero sí llevarlas hasta el final de forma radical, no doblegarse al entorno.

Daniel Valdivia

Llegir la crítica de Demonios tus ojos.