30 de abril de 2017

DONDE LO FANTÁSTICO ES REAL. ENTREVISTA A AMAT ESCALANTE

DONDE LO FANTÁSTICO ES REAL. ENTREVISTA A AMAT ESCALANTE

¿Necesita aquello fantástico de una causa-consecuencia? ¿Puede una narración fijada en el drama social dar lugar a otra en la que los monstruos convivan con humanos sin perder el carácter realista? Hay quien piensa que sí. Quizás por ello, La región salvaje (2016) arranca con el aterrizaje de un meteorito en una región campestre de México, en el que llega una criatura tentacular de connotaciones fálicas, obedeciendo así a la necesidad de no desprenderse de toda base realista. Es precisamente esta dualidad entre realismo social y fantástico la que ha conseguido convencer a los pocos que todavía no habían apostado por un cineasta de presente y futuro.

Con motivo de la retrospectiva que le dedica el D’A Film Festival, Amat Escalante visita Barcelona para presentar algunas de las proyecciones que tienen lugar en la Filmoteca de Catalunya. El cineasta mexicano llega con la vitola de haberse alzado gracias a sus últimas películas con sendos galardones a la mejor dirección en dos de los festivales internacionales más prestigiosos: Cannes y Venecia.

De carrera corta pero prolífica (únicamente ha realizado 4 largometrajes, algunos cortometrajes y un film colectivo), es significativo que ya se le dedique una retrospectiva en la que sus películas ejercen de ejemplo de un cierto cine mexicano contemporáneo proyectado en festivales. Un tipo de cine arraigado en temas sociales que coquetea con los géneros  a través de un nexo en común: la representación de una violencia sin concesión. Es por ello que Escalante ha sido acusado en ocasiones de cierto morbo por filmar imágenes que retuercen las miradas, a la vez que la moral, de los espectadores.

Hablamos con él de este último cine mexicano dado a llenar las programaciones de festivales de todo el mundo con potentes, a la par que valientes, imágenes. Con su última película, La región salvaje (2016), Amat Escalante seduce y provoca con un sensual acercamiento a la ciencia ficción.

Es común encontrar en festivales internacionales un cine mexicano que no se corta a la hora de mostrar violencia, rico en imágenes destinadas a impactar al espectador. Pienso en las películas de Carlos Reygadas, Michel Franco, Gabriel Ripstein, o la más reciente Tenemos la carne (2016) de Emiliano Rocha Minter. ¿Por qué crees que festivales de todo el mundo se sienten atraídos por esta visión violenta de tu país?

Creo que el cine violento ha sido popular y atractivo desde hace mucho tiempo. Sam Peckinpah, Quentin Tarantino, David Lynch… y no creo que sea exactamente que les interese el cine violento de México nada más. Más bien les atrae ese tipo de película que hable sobre un país. En mi país no todo es cine social, es un país que está pasando por unos tiempos violentos y el cine permite retratar esa situación de una forma dramática e interesante.

Las películas de Carlos Reygadas no son tan violentas. Post Tenebras Lux (2012) tiene poca violencia, es otra cosa. En cambio, Tenemos la carne es bastante salvaje y violenta. Para mí es difícil, es más fácil verlo desde fuera y analizarlo. Veo que hay películas que tienen escenas violentas, pero no las veo tan diferentes a las de cinematografías de otros países, aunque sí entiendo lo que dices.

En tu cine, el modelo familiar (y religioso) es el núcleo de la sociedad mexicana. Y el tratamiento que recibe por tu parte es continuamente el ver a la familia como una entidad que engendra violencia. Con las amenazas presentes y futuras, de muros y conflictos internacionales llamando a nuestras puertas, ¿Puede ser la solución un cambio del modelo familiar que denuncias en tus películas?

Va cambiando el modelo familiar pero no sé si tiene que ver con cosas específicas. Las parejas van durando menos y la gente va haciéndose más abierta. Por ejemplo un hombre puede ser forzado, ocultando su homosexualidad, a estar con una mujer por su familia y por él mismo, por rechazo y por esta cuestión moral y de la iglesia. Esto va mejorando en el mundo y menos gente tal vez va a tener hijos, menos gente va a forzarse a hacer lo que no quiere. ¿Por qué tener una familia si no quieres hacerlo por presión social? Esto puede causar problemas, que es lo que pasa en La región salvaje. Creo que todo va a ir cambiando pero no va a ser tan drástico el cambio. Tal vez en 50 años vamos a tener unas dinámicas familiares bastante diferentes a las de hoy en día. Seguro que van a ir modificándose y mejorando. Mientras más independiente sea la gente más reprimida o triste puede estar, pero también de una manera de que los problemas sean más de uno mismo y no afecten tanto al otro. La dinámica de una familia es que los problemas de los padres se vuelven los problemas de los hijos y así es la cadena. Tal vez esto va cambiando lentamente.

Comentaste en alguna ocasión que tus inicios en el cine iban a estar ligados al documental. De ahí tu gusto por trabajar con actores no profesionales en tus primeros films. Con La región salvaje abrazas un cine ya no tan arraigado en lo social para dar paso a la entrada del fantástico sin ningún tipo de concesión. ¿Cómo ha sido este proceso?

En parte tiene que ver con una cuestión personal de haber hecho tres películas muy directas retratando temas sociales muy específicos y profundizando en ellos. Nuevamente estaba haciendo lo mismo, pero me dejó de inspirar tanto como hasta entonces. Quise darle una vuelta a la situación y fue cuando llegó esa criatura que aparece en la película. Para mí cobró mucho sentido lo que yo quería decir desde adentro de los personajes. Tuvo mucho sentido al ser representados por esa cosa visual exterior a ellos. Para mí eso representaba el anhelo, la sensualidad, lo grotesco; todo lo que ellos sentían hacia su propia sexualidad, hacia el sexo. Entonces se abrió para mí la puerta de hacer algo jugando y experimentando con el cine de terror, de ciencia ficción y el cine de género, lo cual no fue fácil. Fue fácil imaginarlo, pero realizarlo era una combinación muy complicada, es por eso que no hay tantas películas así. Tuvimos que trabajar mucho la edición y el diseño sonoro para unificar esos dos mundos.

Esto da paso a que los procesos de filmación sean más artifíciales. Podrías explicarnos como fue rodar las secuencias sexuales con la criatura o la impactante secuencia carnal entre animales. ¿Cómo es pasar de un proceso de filmación realista a otro con elementos artificiales?

Cuando estás haciendo las películas, de alguna manera siento que todo es bastante artificial. Todo es una construcción, y un truco, y un cierto engaño hacia la cámara. Y con los efectos visuales es igual. Es muy importante el supervisor de efectos visuales, que en mi caso es Peter Hjorth, un danés que trabaja en todas las películas de Lars Von Trier desde Bailar en la oscuridad (2000). Con su talento y creatividad estaba seguro de que lo que estábamos haciendo ahí iba a funcionar. Lo siento muy similar, de la misma forma que los rodajes de escenas de sexo no son sensuales, ni sexys. Son muy complicadas e incómodas, y llenas de tropiezos y torpezas. En este caso, tienes que fingir que parezca que hay una sexualidad ahí que no estaba en el rodaje.

En la película aparece un problema de clasismo dentro de las relaciones familiares. Me sorprende, porque es una temática poco dada al tratamiento desde el fantástico.

Es parte de lo que te decía. Eso fue lo complicado y hay una razón por la cual lo es, aunque inicialmente no fue tan claro en el guión. En una película, sea ciencia ficción o realismo social, Robocop (1987) o  Terminator (1984), lo importante es que se hable de algo verdadero, de algo real. Ahí es cuando capturas al público, cuando hay una conexión. No importa qué criatura o qué galaxias le pongas. Hay como una esencia que es la verdad humana y puedes llegar a ella de cualquier forma: a través de la fantasía, de lo más social, del terror, de la ciencia ficción… Y en eso traté de confiar también, en que iba a estar eso intacto. De hecho, cualquier cosa que hiciera era para resaltar esa verdad humana que estoy tratando de retratar siempre.

La película trata el sexo y el placer como métodos de represión. Tus personajes parecen tener miedo al propio cuerpo, a dejarse llevar por sus instintos. ¿Crees que esta represión del deseo es una cuestión mexicana o un problema más global?

Creo que es bastante global en todos los países. En casi todas las culturas hay gente bastante libre, pero en todos los países existe bastante represión y cuestiones morales y religiosas hacia el sexo. En España, seguramente hay mucho de ello, tal vez menos en las ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao, Sevilla; en definitiva, las ciudades grandes, pero hay represión en pueblos y muchas otras partes. La película la filmé en una ciudad pequeña en México y la ciudad de México D.F. es muy diferente.

Esta búsqueda del deseo en un ambiente natural y fantástico al mismo tiempo me hace pensar en la zona, del film Stalker (1979) de Andréi Tarkovski. En cambio, en tu cine, a diferencia del suyo, la ocultación no es una opción. Tarkovski nunca adentraba a sus personajes en aquella habitación capaz de satisfacer cualquiera de sus deseos. En cambio, tu cine parece decidido a no dejar de mostrar. ¿Es que el espectador contemporáneo necesita verlo todo?

A mí me gusta probar cosas que no he visto. Existe esa frase de Hitchcock que decía que lo que no se ve es más fuerte que lo que se ve. Yo creo eso también, pero a la vez creo en hacer y probar cosas diferentes. Hay varios ángulos para esta pregunta. En esta película no era lo mismo que en mi película pasada, Heli (2013), donde no quería quitar la mirada por una cuestión casi moral.  En La región salvaje, yo quería ver lo que quería ver y mostrar lo que a mí me gustaría ver. Yo tenía mucha curiosidad por ver esa criatura, y entonces por qué no dejarse seducir y verlo. Lo normal sería que la cámara no se moviera o dejar a la criatura en la oscuridad, pero es mejor dejar que la elección de cerrar los ojos sea del público ¿no? No significa que así tengan que ser todas mis películas. En ésta sentía que era interesante ver a la criatura, ver la sexualidad, ver los cuerpos de los humanos para luego ver el de la criatura con los humanos, eran cosas que tenían para mí cierta importancia. No creo que sea una propuesta generalizada. Creo que hay muchas películas muy interesantes, muy buenas, donde se ve poco de lo que supuestamente tendríamos que estar viendo, como las de Michael Haneke por ejemplo, o Robert Bresson en los 70 y 80’s.

Eres mexicano, pero barcelonés de nacimiento. En la inauguración del festival dijiste que en Barcelona tuviste tus inicios con el cine y que aquí aprendiste que para hacer cine no debías estudiar cine. Años después, vuelves a una Barcelona con muchas más escuelas de cine y jóvenes formándose en audiovisual. En tu caso, ¿sigues pensando igual?, ¿qué consejo darías a quién elige formarse en cinematografía?

Mi caso es muy personal y tenía que ver con la escuela en la que estaba. Tienes que tener cuidado. Si realmente estás con la cabeza tierna para empezar a absorber todo, ¿qué pasa si el que te transmite la información no es bueno? Puedes hacerte un daño irreparable tal vez, con un mal profesor, ideas raras, etc. Podría ser interesante que, si alguno de tus profesores o profesoras ha hecho películas, pudieses verlas y comprobar si estás de acuerdo en cómo esa persona hizo ese largometraje o cortometraje. Y, si son muy malos y no puedes tener respeto a esa persona, tal vez sea quien no deba enseñarte a hacer películas. Hay muchas escuelas de cine, porque es un negocio y tienes que asegurarte que es el producto adecuado para ti antes de escoger una. Es como comprar una motocicleta: la pruebas, compruebas que sea de tu agrado, buscas información en internet sobre el producto tal vez, etc. En mi tiempo había pocas escuelas y yo no había preparado el bachillerato. Me salí a los 15 años de estudiar en la secundaria y traté de estudiar cine en varias escuelas de gobierno, que son las más selectivas y prestigiosas, pero no pude entrar. Entonces vine a una escuela privada y no era muy buena. Pero yo no estoy en contra de las escuelas, lo más importante de ellas son los compañeros, el equipo que se va a formar allí para el futuro y no perder eso de vista. Y si además puedes tener profesores que realmente admiras, mejor.

¿Has encontrado cambiada la ciudad?

Algo sí. La Filmoteca es nueva, yo estuve en otra. Yo vivía en el Raval y he estado moviéndome por allí estos días y no veo tanta diferencia. Aún no pega tanto el sol por las calles, no sé, hay más o menos las mismas cosas. Fue hace 17 años que estuve aquí y siento que se ha mantenido cuidada. No está tan saturada de cosas nuevas, los cambios que he encontrado creo que son a mejor.

Daniel Valdivia