24 de abril de 2016

EN EL MOMENTO DEL PARPADEO

EN EL MOMENTO DEL PARPADEO

23 de Abril de 2015

 A lo lejos, las campanadas de una iglesia se mezclan con el rumor de las voces de las paradas que llenan Barcelona. Supongo que, con los años, uno se acaba acostumbrando al caos de sus calles en Sant Jordi. A su sonido: los timbres metálicos de las bicicletas, el roce de sus ruedas sobre el pavimento; a las voces y acentos familiares; a las rosas; a la pasión por la lectura.

Me detengo, de forma intuitiva, en un pequeña parada que invade la Gran Vía. Justo enfrente encuentro a una chica. La observo. El ligero movimiento de sus manos al pasar página me obliga a fijarme en el libro que está consultando. Se trata de En el momento del Parpadeo (Ed. Ocho y Medio), de Walter Murch. Incisiva mirada sobre la duración de los cortes entre planos para determinar la articulación de una secuencia. Proceso que se asemeja a la frecuencia del parpadeo del ojo, como mecanismo para localizar, mediante una nueva fijación de la atención, otro aspecto de la escena.

El murmullo de la cola de los cines Aribau Club, que llega hasta bien entrada Muntaner, poco tienen que envidiar a la realidad misma de un día como hoy. Las conversaciones se entrecruzan hablando de las notables obras Oleg y las raras artes (Andrés Duque, 2016), Trois souvenirs de ma jeunesse (Arnaud Desplechin, 2015) o Ahora sí, antes no (Hong Sang-Soo, 2015), proyectadas ayer. Sin embargo, las presentadas a lo largo del día de hoy siguen destacando por su heterogeneidad. Principalmente entre dos obras tan distintas entre sí: Chronic, de Michel Franco, y Dead Slow Ahead, de Mauro Herce.

Accedemos a la sala. El silencio, la calma del interior se confronta con el bullicio del exterior del cine. Sin embargo, Chronic, presente en la sección Transicions, una sección con clara presencia latinoamericana, no deja indiferente a ningún espectador. Michel Franco nos presenta a un personaje completamente plano, ávido de sentimientos; un enfermero, interpretado por Tim Roth, que ayuda a pacientes terminales. Una crónica objetiva sobre las dificultades que atraviesa una familia cuando una persona extraña entra en su intimidad para cuidar a un ser querido. Sin embargo, el abusivo uso de los planos generales y la extensa duración de las secuencias, me reporta a Walter Murch. ¿Cuánto puede durar exactamente una secuencia para despertar interés al espectador?

Tal como dijo Pere Grullo, las películas se hacen en la Sala. El montaje, junto a la narrativa fílmica, discurre sobre un protocolo perceptivo para transmitir sensaciones y comunicar a través de la imagen y el sonido. Y es así como se ha forjado Dead Slow Ahead, de Mauro Herce. Pieza onírica, celestial o, incluso, de ciencia ficción. Un auténtico viaje a través de los sentidos. El silencio de las salas de cine se rompe para dar paso al murmullo de un espacio que, completamente lleno, poco se aleja a la première del festival. Lo que lleva a plantearme: ¿Porqué una película de la Sección Talents puede tener más acogida que una película de la Sección Direccions, con nombres tan reconocidos como Hong Sang-Soo, Alexander Sokurov, Marco Bellocchio o Philippe Garrel? ¿Nos encontramos en un momento en el que el público busca un nuevo paradigma cinematográfico?

El cine es un lenguaje por descubrir. Un lenguaje que ha ido evolucionando a lo largo de toda su historia. Ha sido diario de viaje, historia, narrativa o filosofía, entre muchos otros. Pero ante todo ha sido Arte. Sin embargo, si hay algún género cinematográfico que ha alcanzado su máximo grado de representación en los últimos años, éste es, sin duda, el Cine Documental. Que lejos ya de las formas reporteriles y estereotipadas que ofrece la televisión, el documental ha encontrado la manera de evolucionar y expandirse hacia nuevos horizontes. Hacia nuevos viajes como el que nos sumerge Dead Slow Ahead. Auténtico cine en movimiento. Vanguardista. Futurista. Una película forjada en la sala de Montaje. Donde la duración de cada secuencia está plenamente pensada. Una película con más de cuatro años de gestación, que nace de la mirada de un niño hacia aquellos barcos que observamos en la lejanía del mar, pero de los cuáles no sabemos nada. De “aquellos fantasmas en el horizonte”. Una mirada que llevó a Mauro Herce a subirse durante dos meses y medio en un carguero. Donde, en el ritual, casi místico, de seguir grabando hasta conseguir ésa imagen única, derivó a más de 180 horas de material filmado. A 40 versiones distintas de la película.

El ruido es ensordecedor. Suenan los aplausos del público. Y, como auténticos engranajes constantemente en movimiento, como espectador de su propia creación, Mauro Herce sale al escenario. El Festival Internacional de Cinema d’Autor supone, para Dead Slow Ahead, un alto en el camino de un largo viaje por más de 60 festivales de todo el mundo. Un proceso de búsqueda para encontrar algo único de esta experiencia. Una imagen única. Qué, como en el momento del parpadeo, acaba cerrando un ciclo.

Albert Margalef