3 de mayo de 2017

LA CONDESA DEL FESTIVAL

LA CONDESA DEL FESTIVAL

Todo festival tiene su particular Everest que escalar. Una película cuyo visionado supone un verdadero reto para el espectador debido a su espíritu provocador o directamente por las dimensiones de su metraje, que además, en este caso, obliga siempre a sacrificar otras ofertas de su rica programación. La séptima edición del D’A ha elegido como su propia montaña la última película de Lav Diaz, The Woman Who Left, que, a pesar de sus 226 minutos de metraje, dura menos de la mitad que sus obras más extensas. Afortunadamente, como pasa con todos los buenos largos films, el prejuicio sobre la duración termina olvidándose a medida que va progresando el relato.

La historia se centra en Horacia (Charo Santos-Concio), una mujer encarcelada durante 30 años que es liberada cuando se descubre su inocencia. Separada injustamente de sus hijos pequeños y privada de vivir su vida, la protagonista dedicará todos sus esfuerzos a vengarse del hombre que la condenó mientras sirve de apoyo a los excéntricos personajes que la rodean, como el Jorobado (Nonie Buencamino) y el travestido Hollanda (John Lloyd Cruz). Aunque la trama está inspirada en el relato de León Tolstói titulado Dios ve la verdad pero no la dice cuando quiere (1872), la película parece una adaptación moderna de El Conde de Montecristo (1844) de Alejandro Dumas, capitaneada por una versión femenina de Edmundo Dantès que incluso asume distintas personalidades con tal de lograr sus propósitos.

La referencia literaria no es gratuita ya que la película de Diaz parece beber del mismo espíritu folletinesco que ese relato de aventuras. Es en esta colisión entre una trama con grandes acontecimientos dramáticos y una puesta en escena completamente distanciada, basada en planos secuencia abiertos y largos, donde el film encuentra su fuerza. The Woman Who Left llega a extremos conmovedores en su parte final sin haber recurrido en ningún momento a estrategias sensibleras y siguiendo permanentemente un planteamiento formal muy riguroso que oscila entre el cálculo y lo aparentemente descuidado. El cineasta filipino, como un auténtico hombre orquesta que dirige, escribe, fotografía y monta su material, consigue aunar lo épico con lo modesto en esta emocionante historia de redenciones.

Es posible que todo lo expuesto ya estuviera en el cine anterior de Diaz, e incluso puede que administrado de manera más pura y auténtica. Lamentablemente, ya es habitual observar cómo cineastas con discursos únicos y veraces terminan encontrándose cómodos en posiciones marginales, hasta el punto de convertir su radicalidad inicial en autocomplacencia reiterativa. Más aún cuando dicha radicalidad acaba recibiendo el amparo institucional de festivales como el de Locarno o el de Venecia, donde el director que nos ocupa se ha alzado con los máximos galardones en apenas dos años. No obstante, al menos para el espectador que con The Woman Who Left se enfrente por primera vez al universo de su creador, la experiencia no podría ser más valiosa.

Carles Gómez Alemany