28 de abril de 2016

LA HERENCIA DE UNA MIRADA

LA HERENCIA DE UNA MIRADA

27 de Abril de 2015

 

La Gran Vía. Un imaginario arquitectónico que, como en las películas de Philippe Garrel, está perfectamente enmarcado en sí mismo. Sin embargo, aquí el silencio se hace eco de nuestra incomunicación. La luz natural, de un día nublado como hoy, ilumina parcialmente donde la cámara observa. La miro. Su pelo negro se confunde con los tenues rayos de luz. Su gabardina beige. Cabizbajo y ausente reflexiono sobre mi futuro. Tengo la extraña sensación que en cualquier momento escucharé “me voy a los Estados Unidos”, y es que Garrel filma encuentros y separaciones, que se equilibran con el gigantesco impulso de la primera mirada, las primeras palabras, el primer roce.

Se oyen voces distantes y tenues, pero familiares. La proyección de la película de Philippe Garrel, L’Ombre des Femmes, y la ópera prima de su hijo Louis Garrel, Les Deux Amis, han generado gran expectación entorno al Festival Internacional de Cinema D’Autor de Barcelona. ¿Será, como en Le Cœur fantôme, la muerte simbólica y a la vez shakesperiana del padre o la herencia de una mirada cinematográfica que bebe tanto de la Nouvelle Vague?

Philippe Garrel genera en L’Ombre des Femmes su propio universo distintivo y poético, de apariencia austera y minimalista. Donde todas las ciudades europeas parecen iguales. Dominado por habitaciones, cuartos de baño y cocinas. Paredes siempre vacías, monótonas, que rara vez juegan con las diferencias de clase de sus personajes. Herederos, como él, del desencanto de una época. De la nostalgia al 35mm y al blanco y negro, que predomina en su obra, en la imagen y en la narratividad de ésta.

Como defendía André Bazin, “el cine es el arte de embalsamar el tiempo”. Un trozo de tiempo capturado que surge de ésa precisa mirada sobre la realidad. No sin antes haber un gran planteamiento por parte de cineastas como Garrel. Elementos visuales que constituyen, a través de elecciones y combinaciones selectivas, la sustancia básica de lo que vemos: la dirección, el tono, el color, la textura, la dimensión, la escala y el movimiento.

El color es la cualidad superficial de la materia. Una valiosísima fuente de comunicación visual, cargada de información. Compartimos los significados asociativos del color de los árboles, la hierba, el cielo o la tierra. Estímulos comunes a los que asociamos un significado. Y el negro es siempre la suma de todos los colores. Pero no los colores de la luz, que como resultado derivan al blanco; sino los colores físicos. Los colores reales. Los colores terrenales. El negro es, por tanto, ausencia de luz. Sin luz nos sentimos indefensos. Desorientados y angustiados, como los personajes de Garrel. Sin embargo, si hay luz y vida es porque también hay sombra y muerte. El negro es el color del individuo en un mundo masificado. En medio del gris generalizado. Eterno aliado del espíritu rebelde y el arte. Del mayo del ’68.

Les Deux Amis, que arranca entre aplausos en el CCCB, bebe de la mirada de Garrel padre. Del 35mm, del fundido a negro y de los espacios. De personajes vinculados al mundo del arte. Marginales de una generación perdida: desorientada, confusa e insegura. Sutil retrato de las dificultades que suponen, para los personajes, el amor y la amistad, conmovedora, insólita y vibrante. Personajes a los que Louis Garrel, huyendo del blanco y negro, les da color. El rojo y el azul. Abel y Clément. Colores que parecen salir a nuestro encuentro. Claros ejemplos de la pasión, la emoción, la agresividad y el peligro. El atrevimiento y el descontrol pasional. En contraposición a un azul confiado, armónico, que retrata la amistad y la fidelidad de personajes serenos y sensibles. Que, como Louis Garrel, miran de reojo a un pasado, que ha quedado atrás. Que les ha marcado. Pero que, sin ser herederos de la nostalgia y el desencanto de una época, miran hacia el futuro.

Fundido a negro.

Albert Margalef