5 de mayo de 2017

PERSPECTIVAS GENERACIONALES

PERSPECTIVAS GENERACIONALES

Durante la presentación de la opera prima de Roy Dib, The Beach House, uno de los espectadores preguntó si la película trataba de ser una representación de la sociedad libanesa actual. La respuesta inmediata fue de un laconismo revelador, “sí y no”, seguido de una declaración donde aseguraba que ni nadie, ni ninguna película puede representar una sociedad. Modestia aparte, el cineasta sí que confesó su voluntad de hacer un retrato de su generación, un interés que comparte con la israelí Hadas Ben Aroya y su también primer largometraje, People That Are Not Me. Dos películas de la sección Talents próximas en espíritu, pero radicalmente distintas tanto en las formas como en el contenido.

Integrándose dentro del ya consolidado subgénero sobre reuniones de amigos, con ejemplos como Reencuentro (1983) de Lawrence Kasdan y Regreso a Ítaca (2014) de Laurent Cantet, el film libanés se centra en un grupo de dos hermanas y los dos antiguos amigos de una de ellas para mostrar la forma de actuar y pensar de una generación que, como el propio director ha declarado, trata de sobrevivir a la herencia de los mayores cambios históricos del siglo XX, como la caída del comunismo, el auge de los conflictos árabes… Por otra parte, la película israelí asume una aparente mayor ligereza al narrar la vida de una joven, interpretada por la propia directora y su vida sentimental posterior a la ruptura con su novio.

Con una puesta en escena de una movilidad casi etérea que se apoya enormemente en el trabajo de los actores, la obra de Dib es una pieza de cámara totalmente dialogada que durante todo el metraje confina a sus personajes en una casa diseñada por Refaat Chaderji, un arquitecto iraquí que significativamente mezcla un estilo moderno con el arte islámico tradicional. En la presentación mencionada, el cineasta explicó que la película no había sido estrenada en Líbano debido a la relación homosexual entre los dos amigos y a la imagen que da del país, especialmente de la mujer. Sin embargo, a pesar de estas supuestas provocaciones y del atractivo de la premisa, lo cierto es que el interés del espectador va decayendo conforme la historia (no) avanza.

La estética de la obra de Ben Aroya es completamente opuesta, ya que se basa en una puesta en escena muy calculada caracterizada por el uso constante de planos secuencia. En este caso, la directora sorprende emulando a una suerte de youtuber cinematográfica que se expone a sí misma, en un gesto tan narcisista como autocrítico, para mostrar las relaciones sentimentales propias de la era Tinder. Como la misma directora ha expuesto, no se trataba tanto de hacer una crítica como de “mostrar un espejo en el que la gente se viera reflejada”, dejando que el público extrajera sus propias conclusiones. La apuesta podría percibirse, por tanto, como excesivamente despreocupada o superficial, pero el evidente talento de la directora para retratar la veracidad de las relaciones y, especialmente, sus implicaciones sexuales, la convierte en una debutante a seguir.

Ambos discursos consiguen capturar de esta forma una realidad que pertenece exclusivamente a la actualidad. Cerca del final de The Beach House, los personajes nos desconciertan con un gesto aparentemente inexplicable cuando empiezan a dar vueltas en círculo. Este vagar inacabable parece emparentado con la infinita caminata existencial que atraviesa El discreto encanto de la burguesía (1972) de Luis Buñuel, y describe gráficamente el conflicto generacional del film. Igualmente, People That Are Not Me concluye con una demanda de afecto por parte del personaje principal que, casi a modo de giff, no termina de resolverse, dejando en suspenso el futuro de la protagonista. Las dos películas quizás presentan perspectivas sombrías pero no cabe ninguna duda de que también deparan propuestas estimulantes.

Carles Gómez