26 de abril de 2016

RISA, DISPARATE Y LA PROPIA VIDA EN EL D’A

RISA, DISPARATE Y LA PROPIA VIDA EN EL D’A

25 de abril de 2016

La prensa, los comentarios en el bar y los murmullos en la cola hacen que el interés en las películas proyectadas crezca de forma proporcional a las ojeras. Tras asistir a la entrevista audiovisual a Marc Ferrer, nos sentamos en los sofás del vestíbulo del teatro del CCCB, decorados para la ocasión, a esperar a que comience la premiére de su ópera prima. Equipo, familiares, amigos y cinéfilos van llenando la estancia poco a poco. La llegada de una señora vestida de rojo, con un maquillaje casi circense azul y negro y una gran tiara de diamantes sobre su pelo rubio platino provoca ciertos murmullos. Es Mónica del Raval seguida de una comitiva, a cual más variopinto. Cuando llegan al photocall, el director se retrata bajo las miradas indiscretas de los presentes junto a los que prometen ser cuatro de sus personajes más especiales. Es el cine introduciéndose en la vida real, un momento absurdo pero auténtico, que bien podría ser una escena de cualquiera de las dos películas que nos esperan.

La obra del director catalán comienza en una sala abarrotada, con sillas extra para atender la demanda de un público que celebra festivo el acontecimiento, haciendo sentir extraño a cualquiera que no participe de esta expectación tan familiar. Las luces se apagan y comienza entre aplausos y vítores la serie de momentos de vida que constituye Nos parecía importante. Trozos de escenas cotidianas y a la vez peculiares se entrecruzan al ritmo de un montaje abrupto que, unido a una puesta en escena llena de miradas directas a cámara, jóvenes con aire existencialista, letras de colores y músicas rugosas, recuerda al cine de Godard (llegando a citarse directamente con escenas de Vivir su vida) mezclado con un humor chocante y cierto aire pop de barrio desgastado del primer Almodóvar. El gran acierto que mantiene este amalgama de imágenes son sus personajes, extraños y un poco patéticos, que por veces acusan la falta de profesionalidad en el reparto y en otras brillan en su reflejo de la singularidad del estereotipo, transmitiendo ese amor al cine como reflejo de la propia vida. Una película sobre el hecho de hacer películas, donde las fronteras entre la realidad, la ficción y la ficción dentro de la ficción se diluyen a golpe de montaje y autoreferencias. Inmadura, atrevida, torpe, espontánea. Libre. Nos parecía importante no va a ningún sitio pero el camino es divertido y supone un ejercicio de frescura que no acostumbramos a ver en las producciones españolas.

La enorme afluencia y calor del público y la presentación de la película a cargo del director y Carlos Losilla han retrasado la proyección anterior, por lo que algunos salimos de forma apresurada durante los créditos para llegar a tiempo a nuestra siguiente cita en los cines Aribau con John From. De nuevo nos sentamos ante una comedia de lo cotidiano, pero esta vez retrocedemos a la anterior etapa vital acompañados de unas actuaciones finísimas. La cinta de João Nicolau hace un certero retrato de la mente adolescente gracias a su capacidad para captar el detalle. Notas secretas en el ascensor, un banco que sentimos como nuestro, altibajos emocionales, la amistad que llena nuestros días, la música que llena nuestros corazones, la búsqueda continua de estímulos, la fascinación del que descubre el mundo por primera vez. Todas las escenas desprenden un encanto que por veces hace añorar una época tan ensimismada y despreocupada. Pero un momento insignificante a ojos adultos da un vuelco al mundo de la protagonista y desencadena la explosión de la ilusión. Pasamos de contemplar la intrascendencia a zambullirnos en el mundo de la ensoñación juvenil, en esa fantasía alocada que es el amor adolescente. Como si nos adentrásemos en el exótico mundo de Gauguin, ayudada por la textura y colorido únicos del celuloide, la película se torna fábula. Así, el director portugués firma una obra cautivadora, sencilla pero fascinante, que deja un dulce sabor a fruta en la boca.

Al igual que no lo hicieron con sus risas durante la proyección, algunos asistentes no pueden contener el aplauso ante la aparición de los primeros títulos de crédito. Parece que, a pesar del cansancio acumulado, el entusiasmo aumenta cada día de buen cine en el D’A.

Denisse Lozano