1 de mayo de 2017

SECCIÓ TALENTS: A LA RECERCA DE LA TRANSGRESSIÓ

SECCIÓ TALENTS: A LA RECERCA DE LA TRANSGRESSIÓ

La secció Talents del D’A dóna al públic l’oportunitat d’acostar-se a propostes de nous realitzadors que destaquen per una mirada específica i nova. A través de la reflexió generada per tres títols ja projectats al festival, es fa palpable la intenció dels autors de transgredir: Partint d’aquesta premissa els tres films agafen les bases del cinema contemporani i clàssic, de la cultura i l’educació per trencar-les i fer ressorgir de noves, eliminar tabús i pors morals. A los niños la belleza i Los Decentes aposten per trencar i apostar per una temàtica més transgressora. Europa, en canvi, ho fa a través de la forma.

A LOS NIÑOS LA BELLEZA: Cuerpo presente y cuerpo ausente

Por Daniel Pérez Pamies

Frente al caserón de una colonia danesa en Argentina, en un aparte puramente teatral, un señorito burgués se dirige al público para advertirle de que los gritos que se escuchan -los de una mujer que está dando a luz en un fuera de campo-, no son de dolor o de terror, sino de felicidad. Una frágil felicidad que tarda poco en torcerse, cuando la inminente irrupción de una criada alerta de la fatalidad: la madre no sobrevivirá al parto y el bebé -condenado desde su concepción al fuera de campo- nacerá con una malformación.

A partir de esta fugaz convergencia entre la vida y la muerte se despliega A los niños la belleza, la segunda película de Rocío Caliri y Melina Marcow. La oposición entre la tradición (relacionada con lo familiar e invocada en el ritual del entierro) y un cuestionable progreso (personificado en la oscura figura del médico) funciona como el motor de una película que vive supeditada al peso de la palabra. Los grandes dilemas del protagonista de A los niños la belleza a menudo se traducen en palabras. La paternidad, inicialmente concebida como una promesa de felicidad, se torna en drama y castigo. La figura del bebé se convierte en un espejismo, como se demuestra a través de esas toallas que el padre sostiene en su regazo durante la foto familiar, pero que se descubren para revelar que, debajo de ellas, no hay nada. Aparecer y desaparecer. Cuerpo presente y cuerpo ausente. En esta línea entre lo visible y lo no visible es en la que bascula A los niños la belleza, una película en la que todo se confronta: incluso lo ostentoso de sus diálogos con lo limitado de su puesta en escena.

EUROPA: El golpe de efecto devoró al sentido

Por Vanessa Leiva Pueyo

La música tecno envuelve la sala de butacas y, al ritmo de los focos de colores que van apareciendo en pantalla, el espectador se deja llevar por el inicio de Europa. Imágenes sostenidas en el vacío de pasillos misteriosos tintados de rojo fluorescente trasladan la mirada a un universo a lo Nicolas Winding Refn para, avanzado el metraje, llegar a las carreteras distorsionadas e infinitas del maestro Lynch en el hipnotismo onírico del travelling. Dos parejas que son la misma vagan por tiempos y espacios indefinidos, vislumbrados a través de poéticos planos donde el contraluz y una estética del cuerpo son los protagonistas. De la fragmentación del romance en territorio urbano llegamos a la oscuridad del bosque y, con ella, al vacío.

¿Qué nos mueve a hacer películas? ¿Por qué los humanos tenemos la necesidad de volcar en imágenes y sonidos aquello que llevamos dentro si no es para llegar al otro? En la acumulación de estampas desenfocadas y tenebrosas que Miguel Ángel Pérez Blanco ofrece a continuación no parece hallarse esa finalidad última de conectar con el público, dejándolo a la deriva de un artificio que parece estar construído más para el deleite del propio autor, obsesionado por contradecir la norma, que para llegar al otro lado del espejo. Y el problema no se encuentra en rehuir la narración o la construcción del relato; por el contrario, resulta estimulante pensar que existen formas ilimitadas de plantear las películas. Sin embargo, realizar una obra por el simple hecho de querer transgredir lo establecido, pero sin un discurso sólido que la sostenga, o bien tratar de inventar nuevas formas de lenguaje desde el yo y no desde la magia de la experiencia colectiva (y del arte como disciplina humanística), corre el peligro de rozar una banalidad pretenciosa, alejándose de la esencia primera del cine.   

LOS DECENTES: Despullats impostats

Per Jaume Claret Muxart

La unió de cossos nus, la seva diversitat, les textures i els plecs de la pell caracteritzen Los Decentes, la segona pel·lícula de l’argentí Lukas Valenta Rinner. Una noia de neteja arriba per servir a una casa de la comunitat més elitista i luxosa d’una ciutat argentina. La urbanització dividida en dues parts, una més conservadora on viu gent de família bé, l’altre nudista, on es barreja la naturalitat dels cossos i la hipocresia o superficialitat de qui conviu allà. Les dues dividides per una tanca electrificada, vigilada per un intent d’amant de la protagonista.

Si la part més conservadora i elitista no es preocupa en cap moment d’ocultar la seva identitat, convivint amb els seus corresponents defectes (o qualitats, depèn del punt de vista), la part nudista queda amagada, però present. L’ús de l’espiritualitat i la connexió amb la natura es contradiu en tot moment amb la còmoda vida que emprenen: tot i anar despullats, tenen els mateixos luxes que la comunitat veïna. 

L’espectador entra a aquests dos espais gràcies al l’interès de la protagonista, que, condicionada pels seus ideals i la seva experiència, passeja entre carrers, camins, piscines i pistes de tenis.

La idea és bona, les intencions també, però la pel·lícula és rebaixada per la simplicitat del personatge protagonista, sense gaires girs morals, fred i poc interessant i l’ús dels tòpics i les bromes recurrents per commocionar l’espectador o fer-lo riure. Tot i tenir una història plana, poc profunditzada i una fotografia dessaturada i lletja (sense voler ser-ho), el film guarda un final que deixa un bon sabor de boca.