29 de abril de 2017

Sipo Phantasma: ENSAYO A LA DERIVA

Sipo Phantasma: ENSAYO A LA DERIVA

En el libro L’essai et le cinéma (2004), el teórico José Moure define el ensayo cinematográfico como una forma expresiva que “parte de una masa desordenada de saber, y coloca un fragmento junto a otro tratando de que su respectivo desarrollo avance al unísono, inventando alusiones plausibles y hallando algo de verdad en la ilusión y la ensoñación”. Conforme a esta exposición, parece lógico e imaginativo vehicular un ensayo a través del recorrido de un crucero, con todas las diversas rutas y caminos que el viaje marítimo permite.

Este es el planteamiento inicial de Sipo Phantasma, el primer largometraje del donostiarra Koldo Almandoz, que nació con la voluntad de mostrar de manera crítica las formas de ocio de este tipo de trayectos. La película resultante es un experimento muy distinto, ya que la lectura del Drácula (1897) de Bram Stoker y el posterior descubrimiento de las circunstancias de su creación y su subsiguiente explotación le convencieron de incorporar al discurso gran cantidad de textos alrededor del mito vampírico y los navíos.

La idea es indudablemente interesante, ya que consigue invocar en una sola pieza figuras como F. W. Murnau y su Nosferatu (1922), Oscar Wilde, que vivió un recatado noviazgo con la esposa de Stoker, Florence Balcombe, el barco fantasma soviético llamado Lyubov Orlova… pero la complicación viene dada al tratar de articular con todos estos referentes un discurso coherente y unitario. La falta de previsión o control de Almandoz respecto a su propio material se evidencia conforme las capas de complejidad van sumándose sin solución de continuidad. De tal forma que en la misma película conviven momentos como el de una pasajera haciéndose un selfie dentro de un jacuzzi o un espectáculo kitsch a ritmo de Frankie Goes to Hollywood, situaciones que claramente construyen una crítica hacia formas mundanas de diversión, con una yuxtaposición de distintos planos de Nosferatu, cada uno de ellos con un tinte cromático diferente que funciona como reivindicación de la concepción original del film.

Formalmente la cinta es igual de imprecisa, por lo que a la pobreza amateur de todas las imágenes del crucero le siguen tanto representaciones gráficas del sonido mediante frecuencias digitales como una simpática función de un teatro de papel donde se escenifica el triángulo amoroso entre los dos escritores irlandeses citados y su objeto de deseo. De nuevo, el problema no es la heterogeneidad de las formas sino su incongruencia. Igualmente, el hecho de que el relato se apoye constante y casi exclusivamente en textos escritos, una opción radical pero legítima, termina delegando toda la fuerza del discurso en el valor informativo de las anécdotas.

El cineasta de San Sebastián se ha referido a Sipo Phantasma como una película que va a la deriva. Sin embargo, la sensación que persiste una vez finalizada la proyección es la de haber navegado en muchas obras distintas. Lamentablemente, ninguna de ellas dirigida hacia el mismo puerto.

Carles Gómez Alemany