8 de abril de 2018

NOBUHIRO SUWA: EL PRINCIPIO DE INCERTEZA

NOBUHIRO SUWA: EL PRINCIPIO DE INCERTEZA

Para Nobuhiro Suwa (Hiroshima, 1960), no hay otro camino hacia la verdad cinematográfica que la aceptación de la incertidumbre. Una máxima que en la obra del japonés toma múltiples formas, empezando por su reticencia a emplear guiones cerrados, favoreciendo el trabajo de improvisación con sus actores y actrices, sea Béatrice Dalle (H Story, 2001), Jean-Pierre Léaud (El león duerme esta noche, 2017) o una pareja de niñas de nueve años (Yuki & Nina, 2009). Una metodología que sitúa cada momento del cine de Suwa al borde de un abismo realista, un temblor que, emparejado con la fiereza conceptual, genera películas resquebrajadas, llenas de sacudidas sensoriales e intelectuales. ¿Cómo definir sino los momentos en que los actores de H Story dejan de actuar, incapaces de poner en escena un remake de Hiroshima mon amour (el proyecto fracasado, ese gran leitmotiv del cine de la modernidad)? ¿O cómo describir los planos de color rojo que acompasan poéticamente la agonía romántica de Valeria Bruni Tedeschi y Bruno Todeschini en Un couple parfait (2005)?

En este cine abierto al misterio juega un papel central el encuentro fílmico entre Oriente y Occidente. Así, M/other (1999) puede verse como el hermanamiento entre la herencia de Yasujirō Ozu –con su capacidad para sondear la realidad japonesa a través de lo doméstico– y el espíritu de John Cassavetes, con su abordaje inquieto a las turbulencias emocionales. Un diálogo intercontinental al que cabría sumar la sombra alargada de Viaggio in Italia de Roberto Rossellini, proyectada sobre las revelaciones amorosas de Un couple parfait, o los acercamientos a lo fantasmagórico de Alfred Hitchcock, Kenji Mizoguchi y Jacques Rivette, que colisionan en El león duerme esta noche. Suwa, ese cineasta que convierte lo viejo en nuevo, lo lejano en cercano, lo enigmático en pura clarividencia.

Manu Yáñez